Premios Málaga de Arquitectura
Cuando contactaron conmigo desde el COA para conducir la gala de la XVIII edición de sus Premios de Arquitectura, mi primera reacción fue pensar que se habían equivocado de persona. Mi segunda reacción fue decir que sí, sin pensármelo dos veces.
En serio, que un colegio profesional quiera que un arquitecto convertido en comunicador —ese tipo de trabajo que algunos compañeros todavía miran con cierto recelo— lleve el micro en su gran noche, es exactamente el tipo de señal que me hace pensar que quizás no me haya equivocado. Que , quizás, no esté todo perdido. Así que me lo tomé como lo que era, un honor con mayúsculas.
Si hay algo que me llevé de esa noche, además de cenar bien y conocer a gente extraordinaria, fue el agradecimiento que le debo a la profesión, a la arquitectura de calidad que se cocina a fuego lento y, en especial, al equipo del COA que quiso contar conmigo. A mujeres como Eugenia que llevan años cuidando estos premios como si fueran suyos, porque en cierta medida lo son.
Fue una noche redonda.
