El laboratorio moderno del recinto ferial de la Casa de Campo
Entre los árboles de la Casa de Campo de Madrid, más allá del bullicio de los paseos y del estanque, todavía pervive un paisaje que fue símbolo de modernidad y optimismo. Sus estructuras, a medio camino entre la ruina y la resistencia, conservan la huella de un tiempo en que la arquitectura española ensayaba nuevos lenguajes para imaginar el futuro.
Durante veinticinco años, entre 1950 y 1975, el recinto ferial de la Casa de Campo se convirtió en un laboratorio de arquitecturas. Allí, una generación de arquitectos jóvenes como Fisac, De la Sota, Corrales, Vázquez Molezún o Asís Cabrero exploraron las posibilidades de la forma, del material y del espacio en diálogo con el paisaje. El resultado fue un conjunto de obras que, más allá de su función efímera, representan uno de los momentos más fértiles de la arquitectura moderna española.